Maria Sklodowska nació en Varsovia en 1867 y en su niñez sufrió los terribles efectos de la        invasión de su país por los rusos, que se llevaron por delante a su madre y a una de sus hermanas, que murieron de tuberculosis y tifus, respectivamente. En 1891 se trasladó a París, donde cambió su nombre por Marie, y comenzó sus estudios en la Universidad de la Sorbona en unas condiciones que hoy consideraríamos inhumanas, pues apenas tenía dinero para comer y mucho menos para comprar leña con la que calentarse. A pesar de ello, dos años más tarde acabó la licenciatura en física con las máximas calificaciones y al año siguiente la de matemáticas. En 1894 conoció a Pierre Curie, un brillante físico que, entre otras cosas, ya había descubierto la ley de Curie de los materiales ferromagnéticos y la piezoelectricidad, junto con su hermano.(leer biografía completa)
 

 

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Texto disponible gracias a la aportación  de Dª  Felicidad Loscertales Abril, profesora emérita de la Universidad de Sevilla

 

 

Cartas a un joven poeta

Rainer Maria Rilke

Carta VII, Roma 14 de Mayo 1904

La muchacha y la mujer, en su despliegue nuevo y propio, serán sólo transitoriamente imitadoras de las maneras de ser y de no ser masculinas y repetidoras de ocupaciones masculinas. Tras la inseguridad de tales eta­pas transitorias se echará de ver que las mujeres han pasado por la abundancia y la variedad de tales disfraces (a menudo risibles) sólo para depurar su modo de ser más propio de las influencias deformadoras del otro sexo. Las mujeres, en las que la vida se demora y habita de una manera más inmediata, más fecunda y más con­fiada, deben haberse transformado en el fondo en perso­nas más maduras, en personas más humanas que el lige­ro varón, al que no le obliga a sumergirse bajo la super­ficie de la vida el peso de ningún fruto de su cuerpo, y que, arrogante y apresurado, menosprecia lo que cree amar. Esta humanidad de la mujer, llevada a término entre dolores y humillaciones, saldrá a la luz cuando haya eliminado los convencionalismos de lo exclusiva­mente femenino en las transformaciones de su condi­ción externa, y los hombres, que aún no llegan a sentir­lo hoy, quedarán sorprendidos e impresionados con ello. Algún día (que indudables signos precursores anuncian ya de manera elocuente y brillante a veces en los países nórdicos), algún día existirá la hembra y la mujer cuyo nombre ya no signifique sólo lo contrario de lo masculi­no, sino algo en sí mismo, algo que no haga pensar ni en completarlo ni en sus límites, sino sólo en vida y exis­tencia: la persona femenina.

Este progreso (muy en contra al principio de la voluntad de los hombres, que se verán superados) trans­formará la experiencia del amor, que ahora está llena de errores, la cambiará desde su base, transformándola en una relación que se entienda de persona a persona, y ya no de hombre a mujer. Y este amor más humano (que se consumará con infinita dulzura y delicadeza, y con bon­dad y claridad tanto al unirse como al desligarse) se pare­cerá al que vamos preparando entre luchas y esfuerzos, al amor que consiste en que dos soledades se protejan, se delimiten y se cumplimenten una a otra”.

Trad. Jesús Munárriz, Ed. Hiperion. Págs. 97-98 (2004)

 
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No one can make you feel inferior without your consent.”
—Eleanor Roosevelt, reformer, journalist, diplomat (1884 - 1962)
"La mente no tiene sexo y si las de las mujeres fueran cultivadas como las de los hombres, las igualarían" Marie Meurdrac, publicó "La chymie veritable et facile" en 1666.